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Carta abierta al Sr. Gelu Vlasin | “Váyase Sra. Dancău, váyase”

Por muy buena voluntad que haya tenido la Sra. Dancău desde que llego a Madrid su dimisión no puede esperar un día más.



Permítanos disculparnos Sr. Vlasin, en primer lugar, por dirigirnos a usted en castellano, pero al tratarse de un tema referente a la Embajada de Rumanía en el Reino de España consideramos que el español puede ser el mejor vínculo para que este editorial sea leído tanto por ciudadanos rumanos como españoles. Que se lea en București y en el mundo entero.

La carta abierta que anoche publicó usted alabando a la señora Embajadora Gabriela Dancău nos ha asombrado. Más aún por el vacío contenido de sus palabras y por el hecho mismo de criticar a otros en nombre de la Embajadora. Su publicación es curiosa, y produce un efecto que debe ser contagioso entre la población rumana -como el coronavirus- cuyo síntoma de infección es decir una cosa en privado y escribir la contraria en público. Así se pretende quedar bien con todos. Y no es una infección exclusivamente suya sino de una legión de seguidores “dancăuistas” que no saben distinguir entre el elogio y la sumisión perversa. Se erige usted voluntariamente, Sr. Vlasin, en el presidente del club de estómagos agradecidos de la Embajada / Embajadora en Madrid.

Al contrario de lo que usted mismo fecha en su publicación, en los últimos veinte años, somos muchos los que pensamos que nada ha cambiado entre la comunidad rumana. No avanza. Las autoridades rumanas siguen despreciando y riéndose de los rumanos y gente como usted están orgullosos de ello. Su defensa de la Embajadora es patética y sus nulos argumentos son palabras vacías; no distingue usted entre el afecto personal y la profesionalidad. Esa es la clave.

Sr. Vlasin, ¿defiende usted a la mujer o a la Embajadora? No hay punto de comparación. Del mismo modo que usted elogia (¿será sincero o es solo palabrería barata para intentar quedar bien con ella?) hay una multitud de ciudadanos rumanos que piden la dimisión –inmediata- de la señora Dancău. Como dice Joaquín Sabina, sobran los motivos. Él si es en realidad un poeta.


A diferencia de los políticos que pueden pensar, opinar o votar lo que deseen, los diplomáticos están a disposición de todos. Representan un país, no un partido. Y trabajan para solucionar problemas no para crearlos. Precisamente para eso les pagan, no es ningún mérito. Es penoso hacer creer que se entrega comida a los más necesitados mostrando una foto de diseñito firmando en un libro de honor municipal, consentir las mentiras en la mayor parte de la información que la Embajada emite o utilizar a cónsules y funcionarios como matones barriobajeros que amenazan e insultan a los rumanos de la diáspora.

Por muy buena voluntad que haya tenido la Sra. Dancău desde que llego a Madrid su dimisión no puede esperar un día más. Fíjese, un ejemplo: es la única Embajadora en Europa con una cuenta personal en Facebook en la que su ego está por encima de los ciudadanos que representa. Increíble, pero cierto. Es la embajadora selfie. Una adicta a los “likes” personales con información que debiendo ser de interés general ella lo convierte en su personal mundo de barbie superstar. Y ni hablar de la página en Facebook de la Embajada que ella dirige: son más los ciudadanos rumanos eliminados y bloqueados que infectados por COVID-19. Que una Embajada censure por opinar a sus propios compatriotas es para que Rumanía figure en el Guinness mundial de lo increíble.

Hablando de cultura Sr. Vlasin, ¿Qué ha hecho de interés la Embajada por la cultura rumana en los últimos cuatro años? ¿Cuáles son los méritos del esposo de la Sra. Dancău para trabajar en el Instituto Cultural Rumano? ¿Cuántas ruedas de prensa se han hecho en la Embajada para potenciar y difundir en España la cultura rumana? Es normal que usted, Sr. Vlasin, defienda y elogie la mano que le da de comer pero ¿Por qué la Embajada permite sus eventos una y otra vez si no le interesan a nadie? ¿Por qué no se invita a otros escritores y gente de la cultura rumana que no sea usted?


Rumanía fue en la Feria del Libro de Madrid 2018 el país invitado, y el interés que demostró la Embajada y lo que se hizo a nivel oficial fue, sencillamente, lamentable. La “presencia” de Rumanía en Fitur 2020 fue vergonzosa. El secretismo de la celebración de despedida de la presidencia rumana de la Unión Europea en 2019, en el Palacio Real de Madrid, ya fue simple motivo para la dimisión de la Sra. Dancău. La desinformación, la desorganización y despotismo con el que trata a funcionarios y consulados es criticado desde el primer día. La pésima representación diplomática frente a las autoridades españolas, la nula capacidad de comunicación con las asociaciones rumanas presentes en España, el desprecio por las minorías y los desfavorecidos, las innumerables fiestas privadas, ocultar datos (¡la gestión del coronavirus en los dos últimos meses es vergonzoso!), tergiversar hechos a favor de personas y no de la comunidad o de la institución… como canta Sabina, sobran los motivos para exigir la dimisión inmediata de la Sra. Dancău. Si le queda dignidad, váyase. Se lo decimos en castellano, en puro español, no en rumano.


La lista de errores de la Embajada, su desidia hacia los rumanos e incluso las múltiples ofensas al pueblo español, es tan larga de explicar como fácil es demostrarlo.

“Me han dado tantos premios y conmemoraciones que tengo que almacenarlos en casa de mi familia” dijo en público la Excelentísima Señora Embajadora en la gala del deporte español celebrado el año pasado. Lo que ella no asume es que los premios nunca se le han concedido a ella, sino que son para la Rumanía que nunca ha representado y de la que ni tan siquiera se siente orgullosa. Ojalá cumpla su deseo de lograr la Embajada rumana en Estados Unidos y no regrese más a España. Cuanto más lejos, mejor. O al menos, como haría cualquier dirigente de un cuerpo diplomático que se precie, que hable bien el idioma del país de destino.

Sr. Vlasin, sin política(s). Esta carta abierta –igual que la suya- se basa en la libertad de opinión. En la expresión y en la libertad de prensa. De modo educado y correcto, sin insultos ni rencores, pero con un matiz: si ya de por sí es ilegal utilizar el logotipo y el emblema oficial de Rumanía y de la Embajada, es peor aún que la propia Embajadora le responda a su “publicación” consintiendo validar ese símbolo oficial en el que están ustedes dos de acuerdo. Ni ella, ni mucho menos usted, representan al millón de rumanos que viven en España.


Esto no es un grupito de Facebook. Ni somos adolescentes ocultos en un garaje. No merece la pena lamentarse ahora de lo que no se ha hecho o, por el contrario, preguntar qué ha hecho la Embajada, o la Embajadora, por el mundo de la empresa, del arte, de cambiar la mentalidad española a favor de los rumanos, de difundir economía o hacer alguna misión comercial, de potenciar el turismo, de establecer vínculos sociales o empresariales a nivel bilateral, de favorecer a la diáspora, de difundir comunicación veraz… sanidad, ciencia, creación de proyectos, cobertura a autónomos, atención a la minorías, gestión, transporte, coordinación de consulados… No sirven ni la religión ni las palabras bonitas, hoy solo sirven los hechos. Fechas, datos y resultados. Sin palabrerías, llego el momento de la verdad.


Emulando lo que decía el presidente Aznar al presidente González, “váyase Sra. Dancău, váyase”, y de paso llévese a sus enchufados a dedo, su incapacidad y su ineptitud, y deje a la mayoría de los funcionarios de los consulados que trabajan de manera impecable intentando reparar lo que usted no ha sabido hacer en España.

Y cuanto antes mejor.



Editorial: Ibero Român, Dirección | Madrid, España.

Carta original: https://www.facebook.com/notes/gelu-vlasin/scrisoare-deschisă-în-atenția-es-gabriela-dancău-ambasador-ambasada-româniei-în-/2755202338043580/


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