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De dama de hierro a mujer florero: dimite Viorica Dăncilă

La líder del PSD, Viorica Dăncilă, presentó anoche su dimisión al frente del partido socialdemócrata como consecuencia de su derrota en las elecciones presidenciales el pasado domingo frente al conservador Klaus Iohannis, reelegido con más del 65 % de los votos.


"Considero que soy una presidenta responsable que quiere salir con honor por la puerta de delante, por lo que debía hacer esto", ha declarado Dăncilă ante la prensa tras una agotadora reunión del PSD en la que muchos de sus dirigentes le pidieron su renuncia. A poco más le hubieran pedido a Viorica incluso el mismo pago que al pastor Zacarías, las treinta monedas de plata, cuyo precio exacto abonado al dueño por un esclavo le obligaba a que fuera corneado por un toro.


Un buen símil, ya que sí el profeta hebreo jugaba el papel de conductor de su rebaño y Dios le usó para ilustrar el juicio de la caída de Israel y la posterior dispersión de la nación, los “asesores” políticos que morían de amor por Viorica durante los últimos meses son los mismos que anoche pedían que rodara su cabeza. Ya que el PSD confía y se ampara tanto en la religión no está de más decir que la ex primera ministra tenía muchos Judas a su alrededor. Sin necesidad de dar nombres, son todos conocidos. El actual presidente del Parlamento, Marcel Ciolacu, se hará cargo de la presidencia interina del partido hasta que se celebre un congreso para elegir nuevo líder.


¿Cuántos líderes del PSD van a asumir su responsabilidad y tener el valor de dimitir igual que ha hecho Dăncilă?

Dăncilă ha sido primera ministra desde enero de 2018 hasta ser tumbada por una moción de censura el pasado 10 de octubre. En las elecciones presidenciales del 24 de noviembre, obtuvo solo un 34,1 % de los votos, el peor resultado alcanzado por un candidato socialdemócrata en unas presidenciales desde 1989.


La matriarca del (pseudo) socialismo rumano abandona el liderato de un partido sumido en una de las crisis más graves de su historia, no solo por la derrota en las presidenciales sino también por el mal resultado en las elecciones europeas en mayo pasado cuando obtuvo un escaso 22,5 % de los votos. El Gobierno del PSD, entre enero de 2017 y octubre pasado, estuvo marcado por tensiones con la Comisión Europea por una polémica reforma judicial para favorecer a políticos corruptos.



Los caballeros las prefieren rubias


Hace solo veinte meses Viorica Vasilica Dăncilă se convirtió en la primera mujer en dirigir el gobierno de Rumanía pero muy pocas feministas le han reconocido el mérito. Ella era, después de todo, la nueva cara de un Gobierno mal visto en Europa y estaba sometida al líder del poderoso Partido Social Demócrata (PSD), Liviu Dragnea, el caudillo corrupto de provincias que en su desesperada búsqueda por controlar el país acabó preso.


Nadie creía en Viorica Vasilica, como le llamaban con sorna sus enemigos, ya que estos dos nombres terminan en un sufijo que indica diminutivo y producen una cacofonía cómica. Eurodiputada de un único idioma, la nueva primera ministra era una mujer de imagen anticuada con un peinado del siglo pasado, que llegó a ser comparado con el de Donald Trump. Las pifias que trufaban sus discursos fueron carnaza para políticos y periodistas que se burlaban de ella en las redes y la televisión.


Su peinado de otra época llegó a ser comparado con el de Donald Trump y muchos la han acusado siempre de ser una marioneta de Dragnea.


“Desde su primer día de mandato fue percibida como una marioneta de Dragnea. Unos hacían bromas sobre su peculiar peinado y se reían de sus errores al hablar. Otros preferían ignorarla, pero nadie se la tomaba en serio”, opina Stefan Marinescu, experto en marketing en campañas electorales.



En el primer semestre de este año, ostentando Rumanía la presidencia de la UE, se llevo a cabo un congreso en Madrid de los distintos partidos socialistas europeos. Antesala de las euroelecciones. Fue la última vez que Dăncilă y Dragnea –en la foto- acudieron a un acto juntos. Aún siendo Viorica quién ocupaba el cargo de primera ministra fue Dragnea el que intervino en el Congreso. Intentó enseñar socialismo a los grandes socialistas. Su intervención fue patética y él abucheado, y triste la presencia de Vasilica con la que, como el patito feo, ningún socialista poderoso quiso hacerse fotos.


Pocas semanas después, el 27 de mayo, Dragnea ingresó en prisión condenado por corrupción y Dăncilă se hizo con el mando del PSD, el mayor de los partidos rumanos en ese momento. La primera ministra intentó trabajar con determinación en reparar la maltrecha imagen de los socialdemócratas rumanos ante el electorado y la Unión Europea, pero no fue consciente que el daño era ya irreparable. Tras el arresto de su padrino, y con la intención de adaptar urgente la nueva situación, intentó crear puentes entre quienes la apoyaban y los adversarios de Dragnea. Trabajo baldío.


El 10 de octubre pierde el cargo de primera ministra y el 24 de noviembre la presidencia del país. PSD 2019, Annus horribilis.

Viorica Vasilica Dăncilă (Teleorman, Rumanía, 1963) llegó a lo más alto de la política rumana en un momento difícil. Era enero de 2018 y esta eurodiputada desconocida en su país era elegida por su partido para ser primera ministra. Más que una oportunidad, el cargo parecía un regalo envenenado. Dos primeros ministros habían dimitido desde que el Partido Social Demócrata ganara con contundencia las elecciones de diciembre de 2016. Ambos se habían marchado por diferencias con Liviu Dragnea, el todopoderoso líder del partido.


Vetado para entrar en el gobierno por una condena por comprar votos, Dragnea gobernaba en la sombra. Su gran prioridad era reformar el sistema de justicia para reducir las penas y los plazos de prescripción de delitos de corrupción -como el que se le imputaba por contrataciones irregulares en la administración-. Pagó cara la apuesta y, entre masivas protestas ciudadanas y una clamorosa derrota en las europeas, el gran caudillo acabó preso.



El principio del fin


Viorica Dăncilă fue la encargada de ejecutar unas reformas que le valieron duras críticas de Bruselas. La Comisión Europea amenazó con dejar sin derecho de voto a Bucarest por lo que percibía como un ataque sin cuartel a la independencia judicial. El Gobierno rumano respondió elevando su retórica contra una "conspiración extranjera" con terminales en todas las grandes capitales de Occidente que tenía su brazo ejecutor en las multinacionales que “envenenaban” a los rumanos con los productos que no podían vender en Europa.


Mientras metía la mano en la justicia para combatir al “Estado paralelo” que boicoteaba al gobierno desde las cloacas, el obediente gabinete de Dăncilă subía las pensiones y los sueldos. Pese al ruido de la oposición y los eurócratas, la economía crecía más que ninguna otra en Europa al calor del consumo impulsado por los aumentos. El PSDragnea -como lo denominó un socialdemócrata crítico al partido- confiaba en que los rumanos se lo reconocerían en las urnas en las europeas del 26 de mayo. Pero las cosas salieron de otra manera. De la peor manera.


El PSD perdió ante la oposición conservadora. El partido pasó de conseguir el mejor resultado de su historia en las legislativas de 2016 a perder la mitad de sus votos y cosechar sus peores números aquel domingo fatídico. Además, los rumanos votaron masivamente en un referéndum convocado para ese día por el presidente del país, el conservador y enemigo del PSD Klaus Iohannis, contra la reforma judicial del gobierno. Al día siguiente cayó Dragnea.


Después de muchos aplazamientos, la justicia le condenaba a tres años y medio de cárcel por el caso de las contrataciones fraudulentas. El primer ministro 'de facto' entraba ese mismo día en prisión dejando a los pies de los caballos al partido y a la sufrida Dăncilă.


La crónica de una muerte anunciada


Lejos de hundirse junto a su mentor, Dăncilă comenzó a desmarcarse de las políticas más polémicas de la era Dragnea. Abandonó la retórica nacionalista impuesta por su exjefe y cesó a los consejeros israelíes que la habían diseñado. Aún como presidenta interina del partido quiso tranquilizar a la Comisión y viajó a Bruselas. Dejó que Jean-Claude Juncker le besara la mano y reconcilió al PSD con la familia socialista europea.



En Europa y ante la opinión pública rumana aseguró que no habría más cambios en el sistema de justicia. De puertas adentro, en cambio, tranquilizó a los cuadros del partido: las reformas judiciales y administrativas aprobadas para que el PSD incrementara su control del Estado no serían revocadas y son parte innegociable del 'status quo'.


Entre las cosas bien hechas por parte de Dăncilă está el haber conseguido disipar la tensión con una Comisión Europea en transición y a la que le convenía la calma, y en casa haber sido capaz también de conciliar los intereses de las diversas facciones del PSD para obtener un mandato sólido al frente del partido. Otra cosa hubiera sido hablar de sus retos de futuro, que nunca llegaran.


La matriarca del socialismo rumano ha dimitido anoche como presidenta del PSD. Ella ha sido la encargada de absorber los golpes y errores de todo el partido, y por más que la critiquen o la insulten, al menos hay que poner en valor el hecho de dar siempre la cara, de ocultar errores de los grupos de interés más poderosos del PSD y de tener la habilidad (femenina) suficiente para salir airosa de situaciones que para otros hubieran sido insalvables. Explicar el precio de su reloj en rueda de prensa en plena campaña electoral es un hito en la historia del periodismo político internacional.


Su renuncia obedece a varios factores: ha sufrido el desgaste de los años de Dragnea, la acusación constante hacia ella y su partido de la galopante corrupción interna del país, la irrupción de partidos europeistas y abiertos como el USR, la ambigüedad en el apoyo y posicionamiento de la iglesia a su favor, la falta de liderazgo personal, la inexperiencia internacional, y lo peor de todo, un equipo político interno y un gabinete de campaña cuya ineptitud es ilimitada. Para tener amigos así hubiera sido mejor estar sola doña Viorica.


El PSD, con o sin Dăncilă, va a tener muy difícil recuperar la confianza del electorado que le dio masivamente la espalda en las europeas y en las presidenciales, especialmente los rumanos de la diáspora que aún habiendo votado de record han rechazado de manera unánime a la socialdemocracia de su país. En ese maremágnum Iohannis es el único favorecido. Al Fondo Monetario Internacional y a la Comisión Europea “cambiar todo para que nada cambie” no es precisamente un slogan que les guste mucho.


#Iberoroman | Texto base: Marcel Gascón

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