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Temporeros rumanos, los corderos degollados

Salen hacinados desde Rumanía y son recibidos en aeropuertos vacíos. La doble moral de la Europa más hipócrita que permite la coronaentrada de 40.000 trabajadores en el mes de abril en Alemania, como si no pasase nada, como si no fuera a cambiar nada.


El inicio de las campañas hortofrutícolas en la Unión Europea se ve amenazado por el cierre de fronteras y la limitación de movimientos a la que estamos sometidos por la tiranía de la COVID-19, lo cuál ha generado una necesidad de mano de obra de varios centenares de miles de trabajadores que es muy difícil cubrir en su totalidad.


Esa situación ya es notoria en las principales potencias agroalimentarias de la UE, y países como Francia, Italia, Alemania o España intentan articular recursos para buscar esos trabajadores que aseguren la recogida de las cosechas porque, de lo contrario, habrá repercusiones económicas para las empresas del sector y podría verse afectado el abastecimiento de la cadena.



De hecho, Alemania requiere 300,000 trabajadores estacionales cada año para llevar a cabo sus cosechas; Francia 200,000; Gran Bretaña 90,000; España 250.000 y en Italia se necesitarían 370,000 trabajadores. La mayor parte de este trabajo es realizado por trabajadores temporarios migrantes. Es por eso que el gobierno alemán ha negociado directamente con el gobierno rumano para permitir que miles de trabajadores rurales de ese país vayan a Alemania para la temporada de cosecha. Desde el 2 de abril, se han realizado 13 vuelos entre los dos países que han transportado trabajadores al campo alemán. En los últimos dos días ha habido cinco vuelos más. Y Gran Bretaña rápidamente emuló al gobierno alemán. Así que el jueves pasado un primer vuelo llevó a 150 trabajadores rumanos.

"Vagos, sucios, indeseables, escoria..." La ultraderecha europea los margina y sin embargo ahora los necesita. Resulta curioso comprobar que los trabajos peor pagados han resultado ser los esenciales.

La situación ha causado una interrupción desorganizada de las medidas de salud y seguridad, poniendo en peligro la vida de miles de trabajadores. Las imágenes circularon en las redes sociales mostrando un descontrolado aeropuerto de Cluj, donde entre 1.500 y 2.000 personas se congregaron para tomar un vuelo a Alemania. En un artículo en The Guardian, Costi Rogozanu describe la escena de la siguiente manera:


“Siguió una oleada épica de miles de trabajadores para embarcarse en vuelos de bajo costo especialmente alquilados para el enorme puente aéreo. Muchos habían recibido sus contratos de solicitudes, otros fueron contratados por intermediarios autorizados, pero todos se encontraron en los mismos autobuses nocturnos para llegar al aeropuerto. Las imágenes que siguieron fueron impactantes: un país en estricta cuarentena vio a miles de personas salir de autobuses llenos de gente para ir a un pequeño aeropuerto regional para abordar aviones. Dado que muchos trabajadores eran de Suceava, el punto de acceso rumano de Covid-19, sólo podemos esperar que este no haya sido uno de los eventos de supercontaminación más importantes en Europa.”



En Semana Santa, camino de Alemania a recoger espárragos. Ahora, otros aviones charter transportan agricultores de temporada de diversos lugares de Rumanía para recoger frutas y verduras en Gran Bretaña. Un aeropuerto completamente vacío, Stansted, al norte de Londres, recibió hace unos días a 150 temporeros que eran esperados por los propietarios de fincas rurales para trabajar allí. El transporte se hizo siguiendo diversas medidas de precaución para evitar contagios. Desde este lunes, los trabajadores comenzarán a recoger las frutas.

Este trabajo se paga de media a 17 euros la hora y el alojamiento cuesta sobre los 60 euros a la semana.

Se espera para los próximos días varios aviones más de temporeros. Titan Airways, una compañía charter británica es la encargada de estos traslados. Los billetes de esta compañía, a cargo de los empleadores, son más caros, pero es que no hay ninguna otra aerolínea regular que enlace Rumanía con Gran Bretaña.



Normalmente, hasta 90 mil emigrantes viajan a Gran Bretaña para la temporada de recogida de productos agrícolas. Sin embargo, este año, como la actividad económica está paralizada, las empresas afectadas han hecho un llamamiento a trabajadores del país y han conseguido que 32 mil puestos de trabajo sean ocupados por británicos o por personas con residencia que, en condiciones normales, probablemente tendrían otros empleos. Ayer mismo, otros aviones hicieron iguales traslados a otros aeropuertos británicos, alemanes y franceses.


Desesperados por la falta de mano de obra, hay empresarios que juegan con las necesidades de miles de trabajadores temporarios rumanos que incluso no son conscientes que ponen en peligro sus vidas. La codicia, el oportunismo de la situación, la sed de ganancias, están por encima de la seguridad. De hecho no es la primera vez que se denuncia que los temporeros del este de Europa y los norteafricanos sufren condiciones de trabajo cercanas a la esclavitud, largas jornadas laborales, salarios miserables y viviendas inadecuadas. En estas condiciones, ¿podemos esperar que esos empresarios se preocupen ahora por las condiciones sanitarias de los temporeros? Los corderos degollados.



En España, el Gobierno ha estimado que faltan más de 75.000 personas para cubrir mano de obra en las próximas semanas, cuando comienzan las campañas fuertes de recogida de frutas. Para facilitarlo, ha aprobado una norma por la que excepcionalmente se permite que los parados puedan simultanear el cobro de su subsidio con un jornal en el campo y prolongar permisos de residencia de extranjeros que ya estaban en el país para otras campañas agrícolas.

Los rumanos, africanos, o todos aquellos temporeros calificados de “vagos” por la extrema derecha, que vienen a “robar” y a los que VOX no quiere que se les conceda ni acceso a Seguridad Social ni sanitaria ahora los buscan por todas partes para hacerles los papeles y llevárselos a recoger sus cosechas, gracias a los permisos anunciados por el Ministerio de Agricultura.

Hay casos como el de la agricultora oscense Nuria Florenza que necesita contratar a 15 personas en los próximos diez días porque los senegaleses y malienses con los que suele contar no podrán hacerlo en esta campaña; algo parecido a lo que le ocurre al tabaquero cacereño Dionisio Sánchez o al fruticultor leridano Pere Roque que demandan, cada uno, la incorporación en breve de seis trabajadores. Incluso imprescindibles para esquilar ovejas.


El Gobierno español ha asegurado que serán las empresas agrarias las que harán sus demandas en coordinación con los servicios públicos de Empleo pero también han surgido otras iniciativas para casar oferta con demanda a través de bolsas de empleos lanzadas por organizaciones agrarias como Asaja.


En las próximas semanas se podrá ver si finalmente el campo europeo ha sido capaz de dar una alternativa laboral a muchos desempleados y afectados por el parón de la actividad en otros sectores debido a la pandemia del coronavirus y con ello confirmar que, nuevamente, el sector primario se convierte en refugio de empleo en épocas de crisis.


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